lunes, 6 de marzo de 2017

Sapere aude.

Son dos palabras que en el mundo de la educación/escolarización se usan frecuentemente. Me contaba hace muchos años un catedrático del área económica que en su primera clase, todos los cursos académicos, comenzaba con estas dos palabras, con la traducción "atrévete a saber". Otra historia es su traducción, y no solo de estas dos, sino de la cita entera de Horacio. Incluyo el texto latino y mi traducción:

Quien empieza tiene hecha la mitad de la tarea: atrévete a comprender:
                                                                                          a conocer:                                       
emprende:
empieza: quien aplaza el momento de vivir honradamente,
(hace como) el campesino (que) espera a que el río deje de fluir: pero aquél
fluye, y fluirá voluble por toda la eternidad.

Dimidium facti qui coepit habet: sapere aude:
incipe. Qui recte vivendi prorrogat  horam,
rusticus expectat dum deflutat amnis: at ille
labitur, et labetur in omne volubilis aevum.

Sapere tiene un sentido etimológico que tiene que ver, no con el saber, sino con el sentido del gusto: saborear; aprender, llegar a saber, tiene que pasar por el momento de saborear lo que se está aprendiendo. Tiene poco que ver con la utilidad, con la empleabilidad, ya; quizás por eso los alumnos siempre se han aburrido en las clases en las que no sobrevolaba, por encima de otros olores, la ilusión del profesor, sus ganas de llegar a saborear el hecho de enseñar.

Diversamente a lo que se suele entender de Kant en su respuesta a la pregunta "¿Qué es la Ilustración?", Pontón (en Historia de la desigualdad, pag. 557) concluye tras dar pistas de una mejor traducción a la habitual, y referirse al texto entero del artículo para mejorar su comprensión, así:

Kant está lanzando un reto intelectual a todos aquellos que, disponiendo como disponen de los conocimientos de la revolución científica del siglo anterior  y de las obras filosóficas, científicas y económicas de su siglo, no deben ignorarlas viviendo plácidamente como un rústico, sino que deben ponerse a trabajar sin pérdida de tiempo en la construcción de una sociedad burguesa, prescindiendo de lo que puedan opinar los representantes del Antiguo régimen, porque éste no cambiará por sí solo. Kant conocía muy bien la corte de Prusia, por eso al siglo no lo califica como de la Ilustración, sino como "el de Federico".

Vale la pena releer el texto completo de Kant desde el prisma de la libertad de opinión pública, que es, según Pontón, lo que defiende el autor. Estoy de acuerdo; porque se puede seguir utilizando el sapere aude como hasta ahora, incluso como lema de varias universidades, cierto, pero tendrá un sentido activo hacia la madurez.

Montaigne también cita este texto de Horacio, olvidando la primera frase (dimidium facti qui coepit habet). En el párrafo anterior, copia una frase de Séneca, que viene al hilo: "Entre las artes liberales, empecemos por el arte que nos hace libres".






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